viernes, 13 de mayo de 2011

¡Conéctate!


En nuestro caminar cristiano, muchas veces llegamos a poseer una cantidad de principios, fórmulas y métodos, pero carecen de verdadero poder. Esto también se aplica a las enseñanzas sobre la fe, la oración, la alabanza, la meditación, los estudios bíblicos, la confesión, la guerra espiritual y todos los otros preceptos sobre los que hemos escuchado y asimilado. Todo es bueno, y necesitamos saber acerca de ello, pero por sí solo no puede resolver nuestro problema.
Debemos recordar que, aún con lo buenas que son estas disciplinas, solo son canales para recibir al Señor. No son de ninguna ayuda si no están conectadas a la fuente de poder divino.
Nos conectamos a través de una relación personal con Dios, lo que demanda tiempo. Nunca lograremos una verdadera victoria perdurable en nuestra vida cristiana, si no tenemos un tiempo de comunión privada y personal con el Señor. Él tiene un plan especial, único para ti. Si se lo pides, Él se acercará a tu vida y tendrá una relación íntima contigo. Él te enseñará y te guiará en el camino que debes recorrer.
Aprende a responder con prontitud a la guía del Espíritu Santo. Apártate con Él a solas, y serás recompensado en abundancia.
Es solo en la presencia del Señor donde recibimos su poder: "No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu"-dice el SEÑOR de los ejércitos. --Zacarías 4:6

¡La verdad es una verdad!

Una vez cuatro hombres jóvenes compitieron esforzadamente para conseguir el puesto de encargado del departamento de créditos de su banco.
Luego de considerar los méritos de cada aspirante, la junta directiva tomó una decisión. Decidieron notificar a uno de los jóvenes de su promoción, que incluía un importante aumento salarial, durante una reunión programada después del almuerzo.
Al mediodía, el joven que había elegido se dirigió a la cafetería para almorzar. Uno de los directores se encontraba detrás de él, separado por varios clientes. El director lo vio elegir su comida, incluyendo una pequeña porción de mantequilla.
Tan pronto como la puso sobre su plato, la cubrió con un poco de comida para ocultarla al cajero. Así evitó pagar por la misma.
Esa tarde se reunieron los directores para notificar al joven elegido, pero antes de hacerlo entrar al salón, se informó de lo ocurrido a todo el directorio.
Llegaron a la conclusión que si estaba dispuesto a mentirle a un cajero respecto a lo que había en su plato, también lo haría respecto a lo que había en las cuentas del banco. Por lo tanto no le dieron en puesto.
La mentira no se mide en grados. Una mentira es una mentira. Una verdad es una verdad. ¡Y usted puede confiar en esa realidad!
Proverbios 12:17 El que habla verdad declara lo que es justo, Pero el testigo falso, falsedad.